
A partir del siglo VIII, el proceso de decadencia por el que estaba caracterizado el reino visigodo se acentúa debido a la intranquilidad político-social y a las continuas guerras de sucesión al trono que se estaban viviendo. Por este motivo, los visigodos pidieron ayuda a los árabes, y estos, viendo su debilidad, se aprovecharon de las circunstancias para conquistar la Península.
En el año 711, los árabes conquistaron rápidamente la parte Sur, dándole el nombre de Al-Andalus, extendiéndose posteriormente por la mayor parte del reino. Desde el principio, el avance árabe consolidará sus fronteras por medio de estratégicas fortalezas que controlarán las vías de comunicación más importantes, aprovechando para ello antiguos fuertes romanos en unos sitios o construyendo nuevos en otros.
Tras un período de adaptación, que debió durar todo el siglo VIII e inicios del IX, los nuevos pobladores pusieron en marcha su sistema administrativo, político, económico y cultural en el territorio dominado.
En esta época de ocupación árabe, la zona del Campo de Calatrava, por sus características climáticas y económicas, no debió nunca tener una gran población, sino más bien una población residual, a excepción de los núcleos urbanos de carácter militar que estaban integrados en la vía Toledo-Córdoba, la cual fue reparada por Abd-Al-Rahman al-Fihri debido a su importancia como vía de comunicación, sobre la que surgirán numerosos castillos que servirán de alojamiento y protección a los viajeros en zonas poco seguras, función que con toda seguridad desempeñaría el Castillo de Bolaños, que indudablemente tuvo que tener gran importancia en esta época por ser una etapa intermedia entre los castillo de Salvatierra -al Sur- y Calatrava -al Norte-, ejemplo, este último, destacado de la floreciente civilización musulmana en Al-Andalus.